LA CUERDA FLOJA
Todos vivimos en la cuerda floja. Así es la existencia.
El peligro y la seguridad. El éxito y el fracaso.
Estamos rodeados de circunstancias que nos llevarán a cualquiera de los extremos y
nosotros mismos, con nuestros gustos y percepciones estamos siempre dispuestos, por la
naturaleza individual de cada uno, a acercarnos a uno de los dos extremos, o queremos que
nada cambie o queremos que todo cambie.
Como un péndulo, la realidad se dirige a un lado o al otro y nosotros interactuamos según
nuestras capacidades, oportunidades y voluntad de hacerlo o no.
Esta combinación se altera segundo a segundo y quedamos satisfechos o insatisfechos,
felices o tristes, triunfantes o derrotados.
Lo que deberíamos buscar para lograr un resultado razonablemente bueno es el equilibrio.
Mantenernos en un punto medio.
Pero ello es difícil.
Somos por naturaleza desequilibrados.
Sin embargo, aunque esta sea nuestra realidad, debemos buscar el equilibrio tercamente.
Eso no quiere decir no ser audaces en ciertos momentos.
Solo que debemos ser conscientes de que la audacia debe ser contrapesada con acciones
opuestas para lograr, como sumatoria, el equilibrio.
Así debemos maniobrar en nuestra existencia.
Asumir riesgos por momentos.
Centrarnos en aquello que estamos seguros que nos da quietud en otros.
Lograr el equilibrio perpetuo es imposible.
Aceptar esto pero insistir en lograrlo es la razón de nuestra existencia.
Asumirlo nos permite caminar aceptando los tropiezos sin rendirnos.
Asumirlo nos permite considerarnos felices sabiendo que si hacemos más esfuerzo
ascenderemos en la escala de la vida.
Las carencias son retos, los excesos son para distribuir.